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Portada Ilustres Esquivianos FRANCISCO XIMÉNEZ DE SANTA CATALINA. ILUSTRE PERSONAJE de ESQUIVIAS. - Página 2
FRANCISCO XIMÉNEZ DE SANTA CATALINA. ILUSTRE PERSONAJE de ESQUIVIAS. - Página 2

Las diversiones de los argelinos:

Para pasar su tiempo libre, los argelinos (según el Diario de Ximénez) practicaban muchos deportes, como la lucha, o jugaban a la "pina":

"Con una bola y un palo cada uno, unos a

darla y otros a estorbar".

Sin embargo, por ser Argel una ciudad-puerto, el lugar que tenía más atracción eran las tabernas, muy numerosas en los baños, aunque los clientes eran sobre todo los turcos, que en aquellas tabernas:

"tienen muy buenas músicas de diferentes instrumentos 

con que se divierten y pasan alegremente los días".

Pero en aquellas tabernas no sólo había vino y música, sino también sexo, porque:

"llevaban allí muchachos con sus bestiales apetitos".

Francisco Ximénez se halla horrorizado de lo que llamaba "bestialidades de los turcos", y dice:

"No sé como a esta tierra no la brasa Dios como a

las ciudades de Sodoma y Gomorha, por las muchas

y frecuentes sodomías y bestialidades que se cometen".

Ximénez nos da la cifra asombrosa de que había en Argel en su época más de trece mil "malas mujeres" que andaban por las calles:

"cubiertas con un velo y descubriendo el rostro

cuando les parece, y con unos calzoncillos,

solicitando torpemente a los hombres".

Estas mujeres trabajaban bajo una legislación especial y las defendía un verdugo que Ximénez llama "El Mesuar", que además cobraba de ellas el tributo que tenían que pagar al Rey. Cada una pagaba según la edad y hermosura que tenía:

"La que menos paga seis reales de plata cada una. Otras

un real de a ocho, y las hay a tres o cuatro pesos".

La vida corsaria:

Argel era, en tiempo de Ximénez, un gran centro marítimo, en el que se refugiaban gran número de piratas, aunque eran menos que en el siglo XVI. Diego de Haedo, en 1581, había enumerado 35 bajeles de Corso, mientras que en tiempos de Ximénez:

 "son catorce los bajeles corsarios que hay en Argel

con que hacen notable daño a la Cristiandad".

En el Diario aparecen frecuentemente los nombres de los mas famosos corsarios de aquel tiempo: Viquer Arraez, Benabdi, Negro, Chulaque, Sidi Catre, Babazán, Caramacachi, Bocandora, Tabacquo... Y si el número de los bajeles era menos que en la época de Haedo, es cierto que el tamaño era mas importante y la técnica mas perfeccionada, como en el caso del bajel de Baylique que salió por primera vez el 15 de junio de 1719 y que llevaba cincuenta y seis cañones y ochocientas personas.

Ximénez menciona a un gran corsario que vivió a finales del siglo XVII y que llama El Gran Canario, que llegó a ser tan rico que fabricó en Argel un gran palacio, que era uno de los mejores de la ciudad. Allí vivía, en tiempos de Ximénez, el cónsul de Inglaterra. También señala Ximénez que los corsarios sólo salían a corso el jueves o el lunes, por ser días de buen agüero.

Personalidades importantes:

Francisco Ximénez se encontró en Argel con muchas personas influyentes y famosas, entre las cuales se pueden destacar las siguientes:

El Guardián Bassi: era un renegado (convertido al islam) de origen maltés, que tenía mucha autoridad. Los españoles del hospital se servían de su influencia para que interviniese a veces acerca del Bey:

"Se dieron hoy al Guardián Bassi cuarenta doblones por haber

sacado la licencia del Gobernador para hacer la enfermería".

Mostafá Benamar: era un morisco "tagarino", el mas rico de todo el reino de Argel, propietario del mayor número de esclavos entre los particulares, con mas de cien cautivos:

"preguntado Achi Mostafa Benamar a unos cautivos 

españoles, que hacienda tendría un Grande de España,

le respondieron que seis o siete millones. A esto dijo:

pues,  también yo pudiera ser Grande de España,

que mi caudal aún es más que eso...".

Además, nos señala que el 23 de mayo de 1719 había muerto Benamar el Topal, otro morisco tagarino "de los mas ricos del reino". Con esto se nota la gran influencia porque una vez murió uno de ellos:

"maestro de obra tagarino, y asistieron al entierro

mas de quinientos tagarinos".

Este oficio de maestro de obras parece ser una especialidad de los moriscos, porque también el maestro que construyó la enfermería del hospital trinitario se llamaba "Sidi Alí" y era tagarino.

Don Bartolomé Arani: Es el ingeniero de la obra de Baylique, muy poderoso:

"Los cristianos no lo pueden ver, ni aún los moros

ni turcos, por el dominio que se toma...". 

Porque les hacía trabajar "más de lo que alcanzan sus fuerzas". Fue él el que construyó el castillo de la Marina e intentó hacer minas para sacar plata, un asunto que le salió muy mal y en el que arriesgó su propia vida.

También en el "Diario" se repiten los nombres de los cónsules inglés y francés (al que Ximénez llama Monsiu Bato), de los Truchimanes (sobre todo el truchimán francés Ebraín Jocha "que es moro muy fino", etc.

El Campo Argelino:

Ximénez era un admirador del campo argelino y le gustaba salir a veces a dar un paseo fuera de las murallas de la ciudad. El 24 de enero escribe sus impresiones después de un paseo:

"Es admiración ver lo florido que está el campo: los 

rosales llenos de rosas, las lechugas muy crecidas, 

rábanos, zanahorias, unos carditos hay muy pequeños

que son alcachofas... hay acelgas, nabos, espinacas...

Hay cebollas y ajos. Y de legumbres hay garbanzos, 

judías, habas, trigo, cebada, lentejas... hay también

melones, sandías, calabazas de diversoss géneros y

muy lindos, berenjenas...".

Y Ximénez varias veces alaba la fruta principal que había en Argel, que era el albaricoque.

Conclusiones:

Esta obra del Padre Francisco Ximénez puede ser fuente importante para la historia de Argelia, ya que es un testimonio bastante objetivo de la sociedad argelina en una época aún mal conocida. En esta obra se señalan diversos elementos de la sociedad argelina, descritos en su Diario, que es un documento de género literario muy interesante, ya que los datos históricos y sociológicos no están descritos con intención hacer una historia erudita. Así Ximénez, en el prólogo del segundo volumen pone de manifiesto esta idea, diciendo:

"El principal asunto de esta obra es referir diariamente

los sucesos mas notables de esta ciudad... Cosas que

pasan por mis ojos, y otras que me refieren los cautivos".

Es exactamente como si fuera un corresponsal de prensa, un trabajo de observación y de apuntes, a veces sin comentario, con un estilo espontáneo y directo:

"No me valgo de frases cultas sino de estilo claro y llano

como me la ha dado la Naturaleza, sin poner especial

cuidado en el estilo, sino declarar lisamente lo sucedido".

Pero no hay que olvidar que Francisco Ximénez era ante todo un Religioso cristiano que se encontraba en una tierra hostil a su país y a su Religión, donde veía a millares de sus correligionarios sufriendo el inhumano estado de cautiverio.

Todo le impresiona en esta situación: la gente, las instituciones, los comportamientos. Pero no podía comentar nada ni discutir con nadie. Y así nació el Diario como forma de desahogo y de exteriorización y como una forma de esa comunicación que le faltaba a Ximénez en Argel. tres grandes volúmenes para relatar los hechos de dos años de la historia de Argelia tal y como la vio con una referencia importante.

Francisco Ximénez estuvo durante 18 años viviendo en el Magreb. Su misión principal era la de fundar un hospital en Oran, que no consiguió, pero gracias a su tenacidad si lo construyo en Túnez, después de seis años de negociar con los Deyes su autorización, que al fin era beneficioso para todas las partes.


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Del Padre Francisco Ximénez, dice Luce López-Baralt (4): La figura mas importante con las que importa dialogar es la del Padre Francisco Ximénez, trinitario y director del hospital de los cristianos cautivos en Túnez entre los años 1720 y 1735. Allí tuvo la ocasión de manejar numerosos códices hispanotunecinos, incluyendo el que más tarde llamaríamos S-2. Originario de Esquivias, Ximénez ha dejado una vastísima obra histórica, de extraordinario valor documental, en la que nos da cuenta de su prolongada estadía como misionero de Orán, Argel y Túnez. Mikel de Epalza (mi querido y solidario amigo, al que agradezco una vez más el que me dirigiera a esta figura, tan importante y tan desconocida aún, cuando le expuse mi perplejidad ante el descubrimiento de un nuevo texto del Kama Sütra español, Murcia, 1994) y Hedi Oueslati se ocupan de los siete volúmenes de su Diario, aún inédito, que incluye sus experiencias en Berbería, y nos dan noticia adicional de su historia de Túnez en nueve volúmenes, así como de las traducciones del árabe de los libros Al-Wazir al Sarray (Al-Hulal Al-Sundusiyya) y en Ibn Abî Dînâr (Al Mû'nis) entre otras obras menores.

El Padre Ximénez, cuyo hospital protegieron las autoridades de la regencia turca de Túnez por serles conveniente la manutención de la salud de sus esclavos, sirvió además de intermediario para el rescate de numerosos cautivos cristianos, dadas sus importantes conexiones con las autoridades gubernamentales. Pero nuestro misionero fue también un gran viajero por el interior del país -peregrinó durante quince años movido más por una insaciable curiosidad vital que por ninguna otra razón pragmática, como nos asegura Epalza- y sus descripciones de las costumbres locales y los pasajes deleitosos que se abrían ante sus ojos asombrados no pueden ocultar una velada simpatía por la cultura de sus enemigos de la fe. La posteridad está en deuda histórica profunda con el erudito misionero, que salvó del olvido los primeros enclaves de moriscos españoles asentados en tierras tunecinas.

De la veintena de pueblos fundados por la diáspora visita tienen gran interés Testur, Solimán, Tebourba y Mateur. Gracias a su "Diario" podemos escuchar de los mismísimos labios de los descendientes de los primeros exiliados la confesión ominosa de que todavía se sentían apátridas tanto en España como en Túnez. Es un tal Mahamet Corral, oriundo de Solimán, quién así lo admite a Ximénez en una visita en la que lleva de regalo unas aves por solidaridad con su condición de español. El misionero lo obsequia a su vez y le presta atención cuando Corral le admite "que los habían echado de España por ser moros y que aquí los tenían por cristianos y cada instante les decían por oprobio cristiano hijo de cristiano". Confesiones como ésta permiten comprender mejor otro dato curioso que debemos al Padre Ximénez: los refugiados y sus descendientes se sentían aún tan españoles que llegaron al extremo de organizar nostálgicas corridas de toros en el Testur del siglo XVIII. Es en este antiguo villorrio que nuestro historiador español admite sentirse como en su casa cuando lo visita en Julio de 1720.

Pero no fueron sólo romances los que escuchó el admirado misionero cuando hacía turismo por los enclaves hispanotunecinos. También leyó los textos de la casta desplazada, y lo hizo con el mismo respeto histórico del antropólogo avant la lettre, que observó siempre en sus desplazamientos por Berbería. Aún mas, acompañó y orientó a otros viajeros bibliófilos llenos de respetuosa curiosidad histórica -el francés Peysonnel, que visitó Túnez por unos meses entre 1724 y 1725 y Joseph Morgan cónsul británico y mercader inglés por los años 1700 y 1720). Míkel de Epalza nos recuerda que Peysonnel depende para sus informaciones del país del P. Francisco Ximénez, mientras que Morgan a quien debemos la traducción inglesa de los importantes manuscritos moriscos, también pudo haber conocido al misionero español. El cónsul inglés alude a un tal Juan Francisco Ximénez, que no debe ser otro que el moderate Catholic que le presta un códice hispanotunecino.

En medio de este ambiente de viajeros bibliófilos, no es de extrañar que el Padre Ximénez mencione -y lo hace de manera inequívoca- el manuscrito que más tarde sería llamado S-2. En la entrada de su Diario correspondiente al 22 de octubre de 1724, el trinitario nos describe su visita al pueblo de Solimán con sus casas aún reconociblemente españolas por su techo de tejas, sus patios cuadrados y su pozo típico. Comenta que los moriscos refugiados que reconstruyen Solimán a su llegada a Túnez consiguen importantes desgravámenes fiscales del regente turco´Utmân Dey -el dato es significativo porque lo proporciona a su vez el autor del ms S-2- y de repente Ximénez pasa a citar directamente nuestro códice: "Oygasse lo que dice un moro anónimo en legua española...", para copiar a continuación el pasaje del S-2 en el que el morisco fustiga la codicia de sus correligionarios recién llegados, que habría que provocar la animadversión de los nativos en su contra.

Eran sobre todo las mujeres moriscas quienes ostentaban su riqueza, ya que llevaban joyas que ni las reinas de su nueva patria adoptiva usaban antes de su llegada. El fraile trinitario por observación propia pero acaso también alentado por el antiguo testimonio del autor morisco, no duda en describir a los miembros de la nueva comunidad Hispanotunecina como más civiles y corteses que los habitantes del país. Pero también los ve como personas "arrogantes... severas y ávidas de gloria". De la misma manera el viajero Peysonnel advierte admirado la riqueza que distinguía aún, a la altura del siglo XVIII, a la comunidad morisca, que todavía estaba acogida a exenciones tributarias privilegiadísimas.

Estamos pues ante la primera mención histórica del códice de que tengamos noticias. Importa destacar que ya en estos momentos le faltaría el primer folio, pues Ximénez lo declara anónimo y no nos dice nada acerca de su título. Por el contexto en el que el misionero cita la obra de nuestro autor -la descripción del pueblo de Solimán- no sería demasiado arriesgado proponer que acaso el texto fuese oriundo de allí. Máxime cuando Ximénez informa que son precisamente los habitantes de Solimán los que consiguen desgravámenes fiscales a su favor en el momento de su llegada: ya sabemos que el dato lo trae también el autor del S-2.

No cabe duda de que Ximénez y sus compañeros de andanzas berberiscas como Peysonnel manejaron de manera directa buena parte de la producción literaria de la diáspora hispanomusulmana, incluyendo precisamente el códice S-2. Ahora bien ¿quiere esto decir que fuera Ximénez, que se interesó tanto por la literatura morisca del exilio, la persona que copiara el manuscrito de la biblioteca de Palacio? Como queda dicho, este códice tardío incorpora no solo la totalidad del S-2, sino otras leyendas y poemas moriscos que a su vez gozaron de amplia circulación entre la comunidad criptoislámica.

La hipótesis parece atractiva, pero es aventurado atreverse a suscribirla por el momento por varias razones. La primera es porque no nos consta que Ximénez copiara nunca la totalidad del S-2, sino tan sólo los pasajes que le interesaba más destacar. Cierto que debemos de ser cautelosos al hablar de la obra del trinitario, que está inédita aún en su mayor parte. Y no solo inédita, sino, acaso, incompleta: tampoco es posible descartar que se produzcan nuevos hallazgos debido a la pluma de Ximénez, como hemos podido ver, particularmente prolífica. Pero es que hay otro escollo que dificulta la adjudicación de la autoría de la copia de Palacio a nuestro fraile trinitario. Las fechas en las que se encontraba activo tanto en Berbería como en España parecen demasiado tempranas como para haber podido pergeñar un códice que la misma Rafaela Castrillo describe como "copia tardía, realizada probablemente a finales del siglo XVIII, a juzgar por su letra". El Padre Ximénez, de quien por cierto no sabemos demasiados datos, salvo que nace el 2 de diciembre de 1685 en Esquivias, que toma su hábito trinitario el 20 de abril de 1700, y vive en Berbería entre 1718 y 1735, año en que regresa a España. En 1745 a los sesenta años de edad, todavía estaba activo en la Península, ya que es nombrado Ministro del Convento de Tejada. Aunque el Diccionario de los Escritos Trinitarios (Roma 1898) no nos menciona la fecha de su muerte, supone Hedi Oueslati que ésta no debió haber ocurrido demasiados años después de su nombramiento en Tejada. De todo ello se desprende que no podemos suponer sin más que al P. Ximénez autor de la copia de Palacio. Mas difícil sería adjudicarle su autoría a sus compañeros de viaje Peysonnel o Morgan, no sólo por lo temprano de su experiencia en Berbería sino también por las obvias dificultades que tendrían con la lengua española: era Ximénez precisamente quién los ayudaría a comunicarse con el exilio hispanotunecino. Aunque Morgan traduce al inglés con cierta fortuna dos códices moriscos, el ms. 767 está escrito en un castellano tan impecable que no da impresión de haber sido copiado por alguien extranjero a la lengua.

Pero el Padre Ximénez se interesó demasiado en la literatura morisca de la diáspora como para no haber podido contagiar su entusiasmo a ningún otro trinitario superior o a algún descendiente de sus allegados en tierras de Berbería. Ya sabemos lo gregario y diplomático que fue Ximénez en su riquísima experiencia vital tunecina, que transcurrió entre frailes, cautivos, renegados, nativos y moriscos. Podría por el momento aventurarse la hipótesis de que alguien relacionado con el Hospital trinitario pudo haber hecho la copia de todos estos textos hispanomusulmanes -de grafías tan perfectamente bilingües- y que el códice regresara a España de manera natural, como una curiosidad bibliográfica más que no se vino a describir sino hasta nuestros días.


Por su parte, Rafaela Castrillo, a través de Clara Ilham Álvarez Dopico (5) nos da a conocer en 1989 la copia realizada por el Padre Francisco Ximénez sobre "Textos moriscos de Túnez" (Códice Misceláneo), (Historia de Moyssés en prossa y de mahoma en castellano y advertencias de lo que debe saber y creher el mahometano). Manuscrito, s. XVIII, de autor desconocido. 

Aunque comúnmente se ha datado de finales del siglo XVIII, sabemos hoy que esta copia de distintos textos moriscos fue realizada en Túnez por el trinitario toledano fray Francisco Ximénez de Santa Catalina, fundador y administrador del Real Hospital de San Juan de Mata de aquella ciudad. El cotejo de este códice con el Discurso de Túnez y otras obras manuscritas de Ximénez no deja duda respecto a la autoría. Durante su larga estadía en Túnez, entre 1720 y 1735, el trinitario compuso varias obras e hizo traducir para sí fuentes cronísticas tunecinas del árabe al castellano, con ayuda de descendientes moriscos como Muhamet Corral, de Soliman, y Mahamet el Tahager, originario de Roda. Nos consta también que hizo acopio de manuscritos moriscos que, sin duda, le sirvieron como fuente de información sobre el islam y sus prácticas.

El descubrimiento de este manuscrito del Palacios Real despertó el interés inmediato de los aljamiadistas, tanto por lo tardío de su fecha como por ofrecer nuevas versiones de textos bien notorios. el ms. 767 de Palacio contiene una transcripción del célebre S-2 (conocido hoy ya como Tratado de los dos caminos tras su edición). Se trata de una copia literal aunque con correcciones estilísticas y modernización ortográfica. Sabido es que el S-2 obró en poder de Ximénez, el cual reprodujo algunos pasajes en su Discurso de Túnez (inédito en la biblioteca de la Real Academia de la Historia, ms. 9/1011, fols. 117v-118r) y utilizó algunos extractos de su Colonia Trinitaria de Túnez con el propio códice a la vista ("un libro que tengo presente cuando escribo esso"). Por otra parte, es probable que la anotación de la primera página del códice, encabezada por una cruz ("de la creencia y lo que debe saber el mahometano y otras cossas curiossas"), sea de mano del propio Ximénez. Una anotación similar aparece también en la copia de Palacio. Abundando en la comparación de ambos códices, Luce López-Garalt (4) supone que el copista es "buen conocedor del árabe pues repite fielmente los pasajes en esa lengua en una caligrafía muy pulcra"; ahora bien, la comparación de ambas escrituras revela, además de algunas incorrecciones, que los textos en árabe de la copia del manusciro de Palacio son un simple calco o dibujo a partir del original, lo que nos lleva a pensar que Ximénez no conocía dicha lengua.

El cotejo del manuscrito de Palacio con las dos versiones en caracteres latinos conocidas induce a postular un tercer manuscrito, el trasladado por Ximénez, que formaría parte de la familia textual del códice londinense, aunque con contaminaciones de la del manuscrito parisino. Futuras investigaciones podrán establecer más precisiones en la filiación y transmisión textual de la obra de Mohammad Rabadán. Por el momento, conviene recordar que el propio Ximénez nos da noticia en su Diario, en anotación de noviembre de 1722, de la compra de "un libro de historia en verso, compuesto por los moriscos que fueron expelidos de España. Trata de la vida de su falso profeta Mahoma, la de su padre Abdalla y de su abuelo paterno Abdul Muctalib" (RAH, 9/1011, fol. 133r). Se traba evidentemente de la obra de Mohammad Rabadán.

En otro orden de cosas, el ms. 767 de Palacio pone de relieve el papel de Ximénez en la copia y transmisión de los manuscritos moriscos. Suponemos que de su mano, o a través de la Orden Trinitaria, llegaría a España el S-2 y con éste vendrían los demás códices que formaban el singular conjunto tunecino de la Real Biblioteca Pública, desde 1836 Biblioteca Nacional de Madrid. Quedan por averiguar las circunstancias concretas de tal viaje. Cabría preguntarse entonces la razón por la que el ms. 767, de autoría de Ximénez, no formó parte de ese conjunto de manuscritos tunecinos, integrándose en su momento en la colección de la Real Biblioteca de Mano o de Cámara, hoy Real Biblioteca.

En cualquier caso, la copia dieciochista del manuscrito de Palacio se nos ofrece como el epílogo de la transmisión de los textos moriscos, a la vez que la figura de fray Francisco Ximénez emerge como el precursor de los estudios de la literatura aljamiada.


Nos dice Mercedes García-Arenal (6) que en la Real Academia de la Historia de Madrid se conservan manuscritas dos traducciones castellanas de sendas crónicas árabes realizadas en Túnez a principios del siglo XVIII por un morisco español exiliado en este país y un fraile trinitario, Fr. Francisco Ximénez. Aunque escasas, se tienen noticias de otras traducciones de obras históricas árabes  al castellano realizados en este siglo, pero sabemos poco de sus autores o del uso que hicieron de ellas.

En cuanto a los estudios árabes en España se refiere, el siglo XVIII es un período mal conocido, que merece una revisión y el estudio profundo de que aún no ha sido objeto. Propiciado en buena parte por las Órdenes dedicadas a la redención de cautivos, surge desde comienzos de siglo un "arabismo" de tipo práctico, envuelto en asuntos contemporáneos y en la política exterior española, que, aunque motivado por necesidades de los rescates y el celo misionero, da prueba de su modernidad de criterios precursora del arabismo científico. Una de las figuras más significativas de esta corriente es el P. Francisco Ximénez de Santa Catalina. No existen apenas estudios sobre su figura ni sobre su extensa obra, casi toda inédita, salvo lo comunmente conocido como que pasó por primera vez a África en 1717, en que llegó a Orán, trasladándose a Túnez, donde permaneció algún tiempo. Que en 1723 fundó un hospital en dicha ciudad, y que en su larga estancia tunecina adquirió unos conocimientos muy considerables sobre este país. De toda su obra tan sólo está publicada su Colonia Trinitaria de Túnez, que editó I. Bauer en una reducidísima edición de 100 ejemplares, en Tetuán, 1934, según un manuscrito de su colección. 

En la Real Academia de la Historia se conservan siete volúmenes manuscritos debidos a su pluma. Tres contienen su Viaje de Argel (RAH 9/6008-10), un primer Diario que comienza en 1717 y termina en marzo de 1720. El primer volumen contiene largos capítulos introductorios sobre la historia de Argel y las costumbres de sus habitantes, además de las antigüedades romanas del país, tema al que el autor era muy aficionado. Como continuación a este Diario, se conservan cuatro volúmenes de su Discurso de Túnez (RAH 9/6011-14), que abarca de 1720 a 1735. De la importancia del material que contienen estos diarios, nunca debidamente explotados, da fe el excelente y extenso artículo que M. de Epalza dedicó a las noticias que sobre andalusíes (7) y moriscos contienen los diarios, indicativas de la riqueza y variedad de información que encierran.

En la R.A.H. se conservan dos volúmenes signados 9/6015 y 9/6016, que figuran como partes primera y segunda. El que supone incluye la parte segunda, 9/6016, es una traducción completa de la obra de Ibn Abî Dinâr Al-Qayrawânî, KItâb Al-Mu'nis fî-ajbâr Ifrîgiya wa-Tunis (Crónica popular tunecina), compuesta entre 1681 y 1698. Las interpolaciones son particularmente extensas en la partes más modernas de la obra (en particular, últimos hafsíes y gobernadores otomanos) y aquellas que hacen referencia a temas de interés de Ximénez, como son las antigüedades romanas, los andalusíes instalados en Túnez, las noticias que hacen referencia a los españoles (como la toma de la Goleta), al corso o al cautiverio. Algunas interpolaciones pueden haber estado inspiradas quizá por el morisco traductor con quien trabajó en común (8). Es, en resumen, una historia de Túnez debida a la pluma de Ximénez, construida sobre el esquema del Mu'nis (sigue la misma división temática) y aprovechando todo su texto.

No cabe duda de que la figura y la obra de Ximénez merecen el estudio profundo de que están siendo objeto otros contemporáneos suyos también dedicados a los estudios árabes.

Un Ilustre Esquiviano en el Magreb, muy poco conocido hasta ahora, pero que dejó una huella imborrable en una tierra que, sin crearle dificultades, no le dio ninguna facilidad para poder desarrollar su impagable labor.


(1) Hedi Oueslati. En la actualidad, Profesor de Lengua Española en el Instituto Cervantes en Túnez. 

(2) ver R. Ricard. "L'Áfrique du Nord dans la "Gaceta de México", 1728-1742" Ed. Hespéris, Rabat 1932.

(3) Mikel de Epalza. Arabista y traductor español (1938-2008), obtuvo cuatro licenciaturas: dos en filosofía, una en teología católica y otra en filosofía semítica, y se doctoró en árabe medieval. Impartió clases en las Universidades de: Barcelona, Lyon, Túnez, Argel, Orán, Comillas-Madrid, Autónoma de Madrid y Alicante.

(4) Luce López-Baralt. Catedrática de Literatura Española y comparada en la Universidad de Puerto Rico. Dónde fue distinguida con el nombramiento de Doctor Honoris Causa. Vicedirectora de la Academia Puertorriqueña de la lengua Española y correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Dominicana de la lengua Española. Ha sido profesora e investigadora visitante de las Universidades de Harvard, Yale, Brown, etc.

(5) Clara Ilham Álvarez Dopico. Asturiana. Doctor en Historia del Arte. Miembro del Seminario de Estudios Árabe-romano de la Universidad de Oviedo y de la Facultad de Ciencias Humanitarias y Sociales de Túnez.

(6) Mercedes García-Arenal. En la actualidad Profesora de Investigación del CSIC.

(7) Los andalusíes (también llamados mudéjares) eran moriscos expulsados procedentes del Reino de Granada. Mientras que los Tagarinos lo eran de Aragón, Valencia y Cataluña.

(8) Mahamet el Tahager de Urrea, morisco español originario de la Villa de La Roda, en la Mancha. 


Bibliografía:

"Documentos procedentes de los Archivos Parroquiales de Esquivias". Sociedad Cervantina de Esquivias. 2013.

"Dicionario Enciclopédico de Toledo y su provincia" de Luis Moreno Nieto (Cronista Oficial de la Provincia de Toledo). Ed. Villena. Madrid 1977.

"La Colonia Trinitaria de Túnez" de Francisco Ximénez. Tetuán, 1934.

"Dos puntos de la Colonia Trinitaria de Tunez, de Francisco Ximénez" de Robert Ricard, Al-Andalus, Madrid, 1958.

"Observaciones de un Padre español de paso en Orán en la época de Mustafa Bushlaghim". de M. Epalza/H.Ouesiati. Revue d`Histoire Maghrábine, Tunis, 1798. En árabe.

"Nouveaux documents sur les Andalous en Tunisie au début du XVIII s." de M. Epalza, Tunis 1980.

"El Hospital Trinitario Español en Túnez: un documento de su archivo acerca del ataque argelino contra Túnez en 1558" de H. Oueslati, R.H.M.  Tunis, 1981. En árabe.

"Argel, según el Diario inédito de Francisco Ximenez (1718-1720)" de Hedi Oueslati. S.I.F.E. de la Historia de Argelia, Orán 1981.

"La expedición de Alicante para la toma de Orán (1732) y su seguimiento en Túnez" de Mikel de Epalza. Alicante 1985.

"Traducciones manuscritas de F. Ximénez en la Real Academia de la Historia" de Mercedes García-Arenal. Madrid 2005.

"Noticia del hallazgo de un Códice en la Biblioteca de Palacio de Madrid (1767)" de Luce López-Baralt. Universidad de Puerto Rico 1995.

"Textos moriscos de Túnez" de autor desconocido. Copia por Francisco Ximénez. Hecho público por Rafaela Castrillo el año 1989. Clara Ilham Álvarez Dopico, Oviedo 1996.

Con el agradecimiento al esquiviano Pablo de la Plaza Gallego por su inestimable colaboración para el esclarecimiento de los hechos de este Ilustre Historiador Esquiviano: El Padre Francisco Ximénez, de la Orden Trinitaria.

Sabino de Diego.

































































 
 
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