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CATALINA DE SALAZAR Y PALACIOS, LA ESQUIVIANA MAS UNIVERSAL. - Página 3


Poco despues, en noviembre de 1615 sale publicada la Segunda Parte del Quijote. 

Cervantes y Catalina se desplazan frecuentemente a Esquivias y Toledo, a visitar a sus hermanos. Catalina nunca los apartó de sus atenciones personales. Eran sus hermanos y a cumplir ese cometido también la habían educado. En Abril de 1616 Cervantes y Catalina se hallan en Esquivias y de allí regresan a Madrid, pues Cervantes se sentía muy enfermo. Anteriormente Cervantes profesa en la Orden Tercera de San Francisco, de Alcalá de Henares. Cervantes se halla viajando, a pesar de su estado, y siempre acompañado por su esposa Catalina, como si de la despedida de sus seres queridos se tratara, pues se sentía vivir el final de sus días. 

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Con diligencia termina de escribir el Persiles y Sigismunda, tantas veces prometido. El 18 de Abril de 1616, Cervantes recibe los Ultimos Sacramentos, con pleno conocimiento puesto que el siguiente día redacta la dedicatoria del Persiles y Sigismunda al Conde de Lemos:

"Aquellas coplas antiguas, que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan:

Puesto ya el pie en el estribo,

quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras las puedo comenzar, diciendo:

Puesto ya el pie en el estribo,

con las ansias de la muerte,

gran señor, esta te escribo.

Ayer me dieron la Extremaunción, y hoy escribo esta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a vuestra excelencia: que podría ser fuese tanto el contento de ver a vuesa excelencia bueno en España, que me volviese a dar la vida..."

Y el Prólogo:

"Sucedió, pues, lector amantísimo, que viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquivias, por mil causas famoso, una por sus ilustres linajes, y otra por sus ilustrísimos vinos, sentí que a mis espaldas venía picando con gran prisa uno que, al parecer, traía deseos de alcanzarnos, y aún lo mostró dándonos voces que no picásemos tanto..."

Los acontecimientos se suceden de forma vertiginosa, no hay vuelta atrás para Cervantes, su estado de salud empeora rápidamente, enfermo de hidropesía, "...que no la sanará todo el agua del mar Océano que dulcemente se bebiese..." (prólogo del Persiles), Catalina le asiste con todo el amor que fue capaz de unirles. El 22 de Abril de 1616 expira Cervantes a los 69 años de edad, y es enterrado el día 23 en el Convento de las Trinitarias  de la calle Cantarranas de Madrid (actual Calle Lope de Vega).

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(Acta de defunción de Miguel de Cervantes. Libro de Difuntos de la parroquia de San Sebastián, folio 270)

Al margen: Miguel de Zerbantes.

"En 23 de Abril de 1616 años murio Miguel de Zerbantes Saavedra casado con Doña Catalina de Palacios. calle del leon. Recibio los Santos Sacramentos de mano del licenciado Francisco Lopez, mandose enterrar en las monjas trenitarias mando dos misas del alma. y lo demas a voluntad de su muger ques testamentaria y el licenciado Francisco martinez que vive alli".


Hasta aquí algunos datos significativos en la vida de Catalina de Salazar y Palacios desde su boda con Cervantes y hasta el fallecimiento de este, hechos que tuvieron mucha influencia en el desarrollo de su actividad familiar con Cervantes. 

Catalina había pasado en breves fechas de ser una lugareña del tranquilo lugar de Esquivias, carente de actividad para una mujer joven como era ella, a ser la esposa de un personaje que llegaría a ser el Príncipe de las Letras Hispanas. De ser una joven hacendosa, bien educada, hidalga, con una buena dote, pero sin experiencia alguna de la vida, sin ninguna vivencia real en que apoyarse para afrontar su nueva vida al lado de un viejo soldado, ya que la doblaba su edad, pasa a desposarse con el, pero para el amor no había fronteras, se enamoraron Cervantes y Catalina nada mas conocerse el mes de Septiembre de 1584, y se casaron el 12 de Diciembre del mismo año. No era preciso esperar mas, tener un largo noviazgo, pues Cervantes no podía permanecer en Esquivias por tiempo indefinido sin algo que le retuviera de forma legal. Cervantes ya había pasado su juventud y tampoco era cuestión de esperar ¿A que? ¿A otro posible desliz como el de Ana de Villafranca?, pero la familia de Miguel, que si se hallaban al corriente de esos amoríos con una mujer casada, le animarían a tomar una rápida determinación, máxime cuando el 19 de Noviembre de ese mismo año nace el fruto de esas relaciones escondidas, ya pasadas, entre Ana de Villafranca y Cervantes.

Catalina siempre tuvo en Doña Juana Gaitán a su aliada, su confidente, a pesar de la diferencia de edad entre ambas. No en vano fue Doña Juana la que influyó para que Cervantes y Catalina se conocieran. Era inevitable y normal que así sucediera, al vivir Doña Juana al lado de la tía de Catalina, María de Cárdenas, y sus primas Isabel y Aldonza de Cárdenas. Aparte de que Doña Juana Gaitán hiciera de Celestina, siempre con la mejor de sus intenciones ya que Cervantes había sido un gran amigo de su primer esposo, Pedro Laínez, y ella lo era de esta joven esquiviana, por tanto ¿que mejor les podía suceder a ambos que conocerse y animarles a consolidar esa relación con el matrimonio? Buena voluntad no se le podía negar a Doña Juana.



Por otro lado, al haber fallecido el padre de Catalina, el 6 de Febrero de 1584, la familia Salazar y Palacios se hallaba guardando un riguroso luto, como era costumbre arraigada en la sociedad esquiviana, hasta que otro importante acontecimiento anulara o mitigara ese luto. Con los esponsales de Catalina con Cervantes cambiaba radicalmente la vida de Catalina en ese aspecto. Ahora tenía que dedicar su tiempo y cariño a su esposo, y mucho tendría que aprender, que seguro Cervantes supo, con no poca paciencia y caballerosidad, inculcar a Catalina en su nueva vida de casada; Cervantes tenía muchas experiencias sacadas de su dilatada vida, ya sea de aventurero, de penurias, huidas, de retenciones de su persona sin expectativas claras de liberación, en fin de una amplia experiencia que le iría transmitiendo a su joven esposa.

Catalina, a pesar de haber adquirido una notable educación, saber leer y escribir, algo poco frecuente entre las mujeres de esa época, escucharía a Cervantes contar sus aventuras, no todas, sus desvelos, sus angustias y sus ilusiones, las ideas que corrían por su mente, sus proyectos literarios inmediatos, y Catalina se quedaría absorta escuchando a su esposo, con el amplio léxico del que siempre hizo gala Cervantes, acrecentando mas aún el enamoramiento inicial que les había unido, para afianzarse mas aún día a día.

Pero Cervantes no podía permanecer en un lugar como era Esquivias en aquella época, demasiado tranquilo para el, los contertulios que estuvieran a su altura dialéctica eran muy limitados, además de que se hallaba obligado a aportar algún bien a la estabilidad económica familiar, por lo que se ofreció para combatir en la Armada, para la contienda que el Rey Felipe II estaba preparando contra Isabel de Inglaterra. 

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Para Catalina este alejamiento supone el primer contratiempo matrimonial, pero lo afronta con energía y comprensión. Han pasado tan solo dos años de su matrimonio pero en ese tiempo ya ha sido capaz de adaptarse a las circunstancias y a las necesidades de Cervantes, por otro lado tan bien entendidas por Catalina, pues ni ella misma desearía que su esposo se sintiera alimentado y vestido sin aportar ningún beneficio a esa causa, y mas impensable sería que Cervantes se dedicara a cuidar y administrar  la hacienda familiar de la familia Salazar y Palacios. Cervantes podía ser muchas cosas, pero nunca agricultor y menos un sujeto pasivo.

Catalina permanece en Esquivias, joven, casada, pero sola. La economía familiar es mas bien escasa. Su padre Hernando de Salazar dejó numerosas deudas pendientes que limitaban el mantenimiento de la familia, ya que Cervantes no aportaba lo suficiente, por lo que el 28 de Abril de 1587 Cervantes otorga un poder a favor de su joven esposa para que esta pudiera realizar cuantas operaciones creyera conveniente, enajenar, vender, etc. para poder hacer frente a los cuantiosos gastos que les eran necesarios realizar, al tiempo de amortizar la deuda contraida por su padre.

(Con respecto a dicho poder de Cervantes en favor de Catalina, algún estudioso de la vida de Cervantes pretendió "adivinar" que lo que realmente ocultaba este documento era la separación matrimonial de Miguel de Cervantes Saavedra y su esposa Catalina de Salazar y Palacios, a los dos años y pocos meses de su boda.

No se ha tenido en cuenta que una mujer no podía vender ni enajenar ningún valor material sin la autorización de su esposo, y esta norma ha estado en vigor hasta no hace muchos años, por lo que con dicho poder lo que hacía Cervantes, dado que el se ausentaba con bastante frecuencia por sus quehaceres en Andalucía, era dar libertad de uso a su esposa para que ella pudiera afrontar los gastos que debiera realizar para el mejor mantenimiento de si misma, de sus hermanos, su educación, etc. Así de sencillo. Sin retrueques variopintos.

Normalmente suele ocurrir, amparándose en la popularidad de otros, que ante la falta de su propio ingenio para escribir, algunos se inventan situaciones rocambolescas de las que pudieran sacar algún provecho, que no serían capaces de generar por si mismos. Es una forma de buscar notoriedad cuando esta no se puede conseguir expresando sus propias ideas).


El 24 de Febrero de 1597, Catalina se vio obligada a vender una suerte de majuelo "en virtud de el poder que de Miguel de Zervantes, mi marido tengo"a Francisco de Pastrana el Viejo, en el término de Esquivias, "que está al pago que dicen a los Cuartos...de caber de cuatro aranzadas y media, poco mas o menos, por precio de veinte ducados, que hacen en maravedis siete mil y quinientos"

Han fallecido Don Rodrigo de Cervantes, padre de Miguel, y su madre, Doña Catalina de Palacios y Salazar, y Catalina se encuentra con mas obligaciones, la manutención y educación de sus hermanos, la del cuidado de la hacienda familiar, y la mayor parte del tiempo sin la compañía de Cervantes.

Catalina encuentra compañía y apoyo moral en su tía María de Cárdenas, hermana de su difunto padre Hernando de Salazar y Vozmediano, y de su prima Isabel de Cárdenas, y de María de Guzmán, hija de la anterior, bautizada el 5 de Febrero de 1566, por tanto unos meses menor que Catalina (su prima Aldonza de Cárdenas había fallecido joven, pocos meses después de su boda con Cervantes). De igual forma tenía a su prima Isabel de Briviesca, bautizada el 25 de Agosto de 1565, hija de su prima Jerónima de Salazar, y también a María de Palacios, su prima, hija de su tía María de Salazar. Y por supuesto no le faltaría la compañía de Doña Juana Gaitán, que tanto colaboró para que Cervantes y Catalina se conocieran.




Mas al caer la noche Catalina se quedaba sola con sus hermanos Francisco y Fernando, en las ausencias de Miguel de Cervantes de Esquivias. Soledad que suplía con la presencia de las tres criadas que tenía a su servicio: Lucía, Isabel y Maria. Lucía, que tendría la edad de Catalina, ya que ambas fueron Confirmadas el 13 de Febrero de 1583, representaría una buena compañía para Catalina, incluso podría ser su confidente pues Catalina siempre demostró ser una humanista convencida. Isabel contaba con dos años menos y María, que tenía la edad de 23 años.






Catalina redacta su primer testamento el 16 de Junio de 1610, dice:

"Iten, mando a María de Ugena, mi criada, hija de Juan de Ugena y Ana Rodriguez, vecinos de Esquivias, todos los vestidos de seda y otros cualesquiera y el manto que tuviere y camisas el día que yo muera, y esto la mando por el mucho amor que la tengo por el tiempo que me sirvió siendo niña, y ruegue a Dios por mi alma".

 También manda:

"Iten, mando que quando Dios sea servido de me llevar desta presente vida, mi cuerpo sea llevado al lugar de Esquibias, jurisdicion de la cibdad de Toledo, y me entierren en la sepoltura de Fernando de Salaçar Bozmediano, mi padre, que esta en el coro de la yglesia del dicho lugar junto a la grada del / altar mayor de la dicha yglesia, que está con su losa".

Y también indica:

"Iten mando al dicho Miguel de Zerbantes, mi marido, la cama en que yo muriere, con la ropa que tuviere, con mas todos los demas bienes muebles que yo tuviere, eçebto lo que mando al dicho mi hermano, esto sin que se le pida quenta al dicho mi marido, por el mucho amor y buena compañía que ambos hemos tenido".

Y por último manda:

"Iten mando al dicho mi marido una tierra de una aranzada, que llaman el Herrador, por sus dias, y después venga al dicho mi hermano Francisco de Palaçios, y después de sus dias la goze la dicha yglesia con la propia carga de la demas hazienda dicha en una clausula deste dicho mi testamento. Y en caso que dicha yglesia no quiera açebtar lo susodicho, que es majuelo o tierra, es mi voluntad de mandarselo al hospital de pobres del dicho lugar con la dicha carga, y se ponga en la dicha tabla con la otra clausula".

La relación de la familia Palacios con los Ugena era tan buena, que el cura Juan de Palacios y María de Salazar, tíos maternos de Catalina, fueron padrinos de bautismo de dos hermanos de María de Ugena, Juan y Catalina, el 2 de Mayo de 1581 y 27 de Octubre de 1584, respectivamente. (Cabe destacar que una tía de María de Ugena, llamada Juana de Ugena, casada con Juan Carrasco (Cosme, Bartolomé, Tomé) daba a luz un niño, bautizado el 10 de Enero de 1582, al que se le identificaba con el nombre de Juan Carrasco -ver Sansón Carrasco-. Así como de que la misma Juana de Ugena crió a un niño "de la piedra" llamado Pedro Cascajo -ver Teresa Cascajo).

Pero el fallecimiento del cura Juan de Palacios representó para Catalina un importante revés en su vida. El fue quien la instruyó en el conocimiento de la lectura y la escritura. La educó con unas profundas convicciones cristianas, y la fortaleció para afrontar su vida futura con la generosidad y aceptación de los hechos que pudieran acaecerle.

Catalina no conocía aún el secreto tan bien guardado de la hija de Cervantes, Isabel de Saavedra. Seguramente su tío Juan de Palacios si se hallaba al corriente de ello, como también lo estaban las hermanas de Cervantes, pues fue Magdalena quien le comunicó a este de la defunción de Ana Franca, ya que Cervantes se hallaba en esas fechas en Sevilla.

Sin lugar a dudas, Catalina, sin saberlo, se hallaba preparada para aceptar con la dignidad que la caracterizaba el hecho de la hija de Cervantes. Solo así es posible comprender el grado de aceptación sin límites que tuvo Catalina con Isabel, junto con la demostración por parte de Catalina del amor que tenía por Cervantes, sabiendo como ella sabía que las manchas del pasado se limpian con el paso del tiempo.

Catalina supo aceptar la noticia de la hija de Cervantes, con la dignidad de que era poseedora por la educación que había recibido. En todo momento supo estar siempre al lado de Cervantes. Cuidó de la hija de este, Isabel de Saavedra, nacida un mes antes de sus desposorios. Siempre le esperó de sus frecuentes viajes a la Corte y Andalucía, incluso tuvo que soportar las dudas de la gente, incluidas las de Lope de Vega, sobre su honorabilidad, debido a la fama que tenían Andrea y Magdalena, hermanas de Cervantes, de su sospechosa y posible promiscuidad. Nada de eso era importante para Catalina. Lo importante era que la familia Cervantes se hallaba reunida, muy bien avenida, siendo Catalina el centro de atención y principal responsable de que esto fuera posible, habiendo dejado atrás la soledad que siempre la acompañaba.

Una vez que los hermanos de Catalina, Francisco y Fernando se hallan cada uno ejerciendo sus cometidos espirituales, Catalina puede dedicarse por entero a acompañar a Cervantes donde fuera necesario. Con el traslado de la Corte a Valladolid, comienza una nueva etapa en la vida de Cervantes y Catalina. Tiempo que les reporta satisfacciones en los literario y en lo material, pues Cervantes ve como sus obras van teniendo el éxito merecido.

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Estando en Valladolid sale publicada la Primera Parte de Don Quijote de la Mancha. Este acontecimiento supuso para Cervantes el relanzamiento definitivo de su quehacer literario. Ha pasado de ser un buen escritor, en competencia con otros de su época, a ser El Escritor de las Letras Españolas. La referencia a partir de esas fechas son Cervantes y El Quijote. Es tal el grado de popularidad que alcanza en muy breve tiempo que ello se traduce en ingresos para la economía familiar. Se hallan recogiendo los frutos de los trabajos editados y Cervantes ha liquidado las deudas que tenía contraídas desde su periplo por Andalucía. 

La vida social de la familia Cervantes también mejora y Catalina participa con su esposo en esos cometidos sociales. Incrementa su ajuar con vestidos de seda, capas o mantos, y todo tipo de indumentarias adecuadas al entorno donde desarrollan su actividad social. "...los vestidos de seda, el manto y camisas que tuviere...", que Catalina deja en su primer testamento a su antigua y querida criada María de Ugena, no provenían de las propiedades anteriores reflejadas en su Carta Dotal, pero en esta época Cervantes si se podía permitir, al fin, regalar a su esposa ricos vestidos y vivir con una cierta holgura, además de seguir manteniendo a sus hermanas Andrea y Magdalena y a su sobrina Constanza.

De nuevo en Madrid, la familia Cervantes se integra de nuevo en lo mas granado de sus mentideros literarios.  

Pero Catalina vive con preocupación la turbulenta vida de Isabel de Savedra. Isabel se casa en primeras nupcias con Diego Sanz, pero unos meses después mantiene una relación con Juan de Urbina, secretario en la Corte, casado, teniendo de dicha relación una hija, Isabel Sanz, siendo entonces Cervantes abuelo. Una situación un tanto extraña, pero asumida con la misma comprensión que lo fue cuando conoció la existencia de Isabel como hija de Cervantes, y no como criada de Magdalena de Cervantes.

Ante la persistente situación de Isabel, Catalina debió influir para que Cervantes comprometiera a Luis de Molina, fallecido Diego, para que se casara con Isabel de Saavedra. Era la menos mala de las situaciones para restablecer la posición de Isabel, a sus 24 años de edad, casándose el dia 8 de Septiembre de 1608 con Luis de Molina. Dos años después fallecería Isabel Sanz, nieta de Cervantes, con el lógico pesar en toda la familia.

Tras la publicación de la  Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha, Catalina vive los éxitos literarios de su esposo con la honestidad de que era poseedora. Si tuvo una esmerada educación para aceptar los sinsabores que lleva consigo la vida, también fue inculcada en saber aceptar con humildad los parabienes, sin alardes ni pretensiones fuera de lo común. Vivió y celebró los éxitos de Cervantes como si de propios se trataran.

Cuando empezaban a recoger los frutos de la Segunda Parte del Quijote, Cervantes cae enfermo, de hidropesía, enfermedad que le llevaría a la tumba. Catalina vive intensamente la cercanía de la muerte de su esposo. No se separa de el en ningún momento. Cervantes tiene aún bastantes asuntos por resolver y no puede, o no quiere, permanecer postrado en cama, para mitigar en lo posible la terrible sed que padecía. 


Cervantes y Catalina se trasladan a Toledo, a visitar a su hermano Fernando, y a Esquivias a ver a su otro hermano Francisco. Pero regresan a Madrid con la mayor diligencia posible. Catalina es consciente de la gravedad de la enfermedad de su esposo. Es testigo de la sensata aceptación que tiene Cervantes de su crítico estado. Participa en ayudar a Cervantes a redactar la dedicatoria del Persiles, que representa la despedida de Cervantes de esta vida, de su vida con Catalina "...el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan..."

Han pasado tan solo 32 años desde aquel 12 de Diciembre de 1584. Muchas cosas han acontecido en la vida de Catalina de Salazar y Palacios, pero este día nunca lo pudo imaginar. Han pasado los años con la lentitud de lo deseado y la rapidez de lo vivido al lado de su esposo. Esos años han sido muy intensos. Llenos de zozobras, de sollozos, pero olvidados cuando Cervantes llegaba a Esquivias. Ya no había deseos, pues entonces eran realidades.

Cervantes muere el 22 de Abril de 1616 y es enterrado el día 23. Pero al lado de Catalina se hallan Isabel de Saavedra, Constanza de Ovando y Doña Juana Gaitán, así como los tertulianos de Cervantes.


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Pero la vida sigue para Catalina. Al fallecimiento de Cervantes, Catalina que cuenta con 51 años de edad, gestiona con Juan Villarroel la impresión de los Trabajos de Persiles y Sigismunda, que se imprime en la imprenta de Juan de la Cuesta en Enero de 1617.




Catalina de Salazar y Palacios siguió viviendo en Madrid, en el mismo domicilio donde había muerto Cervantes. Dispone de una economía saneada, debido principalmente al éxito de las publicaciones de Miguel de Cervantes. Ya llegaban las de la Segunda Parte del Quijote, pues supuso el éxito anunciado y esperado por los lectores de la Primera Parte.

Catalina se ocupa de las publicaciones de las obras de Cervantes. Como hechos mas destacados:


El año 1617 se publican seis ediciones de los Trabajos de Persiles y Sigismunda en: Madrid, Barcelona, Valencia, Pamplona, Lisboa y Madrid de nuevo.

El año 1619 son traducidos al ingles los Trabajos de Persiles y Sigismunda.

El año 1622 se publica en Venecia la Primera Parte del Quijote. 

El año 1624 se representa en Milán el Viaje del Parnaso.

El año 1625 es publicada en Venecia una nueva edición de la Primera Parte del Quijote.


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Ese mismo año de 1625, se publican en Madrid, Sevilla y Pamplona nuevas ediciones de las Novelas Ejemplares.

El año 1625 se publica en Madrid una nueva edicion del Persiles y Sigismunda.

El año 1625 se publica en París y Bruselas la versión en francés del Quijote.

El año 1626 se traduce al italiano las Novelas Ejemplares, que consiguieron un éxito clamoroso, a pesar de la censura italiana.

Ese mismo año de 1626, se publica en París los Trabajos de Persiles y Sigismunda.

El 21 de Septiembre de 1624, había fallecido Constanza de Ovando, a los 49 años de edad, hija de Andrea de Cervantes y de un manifestado Nicolás de Ovando, camarero del Cardenal Espinosa, fallecido en 1576. Vivía en la Calle Amor de Dios de Madrid, donde murió.

El 20 de Octubre de 1626, Catalina otorga un nuevo testamento ante Alonso de Valencia, variando lo referente a su enterramiento, mandando ser enterrada en el Convento de las Trinitarias de Madrid, en sepultura de su esposo Miguel de Cervantes: "...por el mucho amor que se tuvieron en vida..."

El 30 de octubre de 1626, diez años después de haber fallecido Cervantes, murió Catalina de Salazar y Palacios, a los 61 años de edad, siendo enterrada el dia 31 en el Convento de Trinitarias de Madrid, en sepultura de Miguel de Cervantes Saavedra, tal como tenía mandado en su testamento.

La acompañarían en su entierro su hermano Francisco de Salazar y Palacios, su hermano Fernando de Salazar y Palacios, la hija de Cervantes, Isabel de Saavedra, Luis de Molina, esposo en segundas nupcias de Isabel de Saavedra y  Doña Juana Gaitán.

Catalina de Salazar y Palacios fue una gran señora. Fue una noble hidalga de Esquivias, con unas honorables ascendencias, tanto por parte de los Salazares como de los Palacios, Cárdenas y Vozmedianos. De profunda raiz toledana, tataranieta de Diego Hernández de Espinosa, escudero del Rey Enrique IV, viznieta de Alonso de Salazar, hombre de armas, y de Marina Ruiz del Castillo. Otro de los parientes de su hidalguía fue Juan de Salazar, Alcaide del Alcázar de Toledo, y no menos de Juan de Cárdenas. Fue una lugareña de Esquivias pero tenía la clase que le daba su ascendencia. Se hacía llamar, y firmaba, como Doña Catalina de Palacios y Salazar. Cervantes dice, por boca de D. Qujote: "...porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista y la virtud vale por si sola lo que la sangre no vale." 

En Catalina confluían por descendencia directa del linaje de los: Hernández de Espinosa, Ruiz del Castillo, Cárdenas, Alvarez, Vozmediano, Salazar, Palacios, Vergara, Mexia y García, habiendo ganado todos ellos cartas de executoria de hidalguía en la Chancilleria de Valladolid. Así mismo, los ascendentes de Catalina habían entroncado con los: Guzmán, Quixadas, Briviesca, Urreta, Ordoñez de Encinas, Dávalos, Íñiguez, Tello de Guzman, Chirino de Loaysa, Orozco, Chinchilla, Godoy, Vivar, Suarez, Mejía y Leal, todos ellos, asimismo, con sus cartas executorias de hidalguía, mientras que Cervantes, cuando se conocieron, tenía escasos reconocimientos que le hiciera destacar sobremanera, salvo su elocuencia. 

No se conoce ninguna identificación física de Catalina de Salazar y Palacios. Cervantes tuvo el cuidado de que su nombre no se mezclara en cuestiones que pudieran manchar su limpio linaje, su imagen personal. Sería una mujer hermosa, inteligente, culta y educada, sin renunciar a las tareas y labores domésticas. Cervantes no podía enamorarse de una mujer vulgar, tenía que ser excepcional, como lo era Cervantes. Alejada de la imagen de rancia hidalga; con ingenio, seguro; desenvuelta, sin lugar a dudas, y con una bondad exquisita; desinteresada, demostrado; con carácter, como pudo comprobar Lope de Vega ante el cadáver de Cervantes, pudo haberle increpado por las habladurías vertidas sobre su persona, pero Catalina no podía caer en un acto de debilidad de personas con mas baja formación personal, como ella poseía.                 

Cervantes concede a Catalina la libertad que esta noble y culta esquiviana necesita, y Catalina le correspondió con una vida de entrega, callada y discreta, pero con la independencia que precisara su persona, su inteligencia. Pero Cervantes sí hace una descripción sobre la personalidad de Dulcinea, que bien pudiera estar refiriéndose a su esposa Catalina de Salazar y Palacios: "puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en si las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo: hermosa sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien nacida y, finalmente, alta por linaje a causa que sobre la buena sangre resplandece y campea la hermosura con mas grados de perfeccion que en las hermosas humíldemente nacidas". Evidentemente, Catalina se ve reflejada en todo el texto.

Asistió a las bodas de Isabel de Saavedra y de sus Velaciones con Luis de Molina, donde Cervantes y Catalina actúan de padrinos. Cuida a Isabel como si de su propia hija se tratara. La educación que recibió Catalina no contemplaba otra situación que no fuera esa actitud, y siempre espera a Cervantes por el gran amor que le tiene. Quien todo eso hace no puede ser una vulgar mujer, ha de ser una Gran Señora.



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(1) El Acta de Velaciones de Miguel de Cervantes Saavedra y Catalina de Salazar y Palacios lo halló el investigador Don Emilio Maganto Pavón entre los papeles procedentes de la iglesia de San Martín, en la Plaza de las Descalzas de Madrid, que fuera "demolida por los franceses durante la invasión nopoleónica".


Sabino de Diego.







 
 
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