Sociedad Cervantina Esquivias
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Dos amigos de toda la vida. Millán y José.

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No todos tenemos la suerte de congeniar con una persona que al fin sea un amigo incondicional. Los dos jóvenes que aparecen en la fotografía realizada en el año 1.934, de izquierda a derecha, José Portero Torrejón y Millán de Diego Nieto, se conocían de trabajar juntos en las labores agrícolas en Esquivias. Su edad entonces 14-15 años, y en unas Fiestas Patronales tenían que posar ante el fotógrafo con el fondo que ese año "tocaba". Eso sí, con el cigarro en la mano derecha, aunque años después la moda era de llevarlo en la izquierda. Lo importante: Que ya eran amigos en esas fechas.

En la siguiente fotografía, tomada el 14 de Abril de 1972, los mismos protagonistas y en el mismo orden, con sus respectivas esposas: Leonarda González y Josefa Romero, respectivamente. Seguramente el motivo de esta fotografía fuera la celebración de que 5 dias antes de tomarla había nacido el primer nieto de Millán y Josefa, y ¿Con quien mejor celebrarlo?

Atrás quedaban años con todo tipo de vicisitudes: José ¡Que gran persona¡ aprendió el noble oficio de relojero y como tal en esta época era el Relojero del Palacio de El Pardo, residencia de Francisco Franco, después, y además, del Palacio de la Zarzuela, residencia de los Reyes de España. José enseñó el oficio a sus hijos Pepe y Mercedes, y a su jubilación, el primero ocupó el cargo de relojero de los Palacios antes citados, además del Palacio Real de Madrid.

Millán era agricultor, pero tenía un carácter inquieto y mente empresarial. Estudió y construyó aparatos de radio, cuando en España no existían fábricas de estos aparatos. Una fábrica de hielo y helados. Tienda de aparatos electrodomésticos, de Televisión, etc., sin dejar de ser agricultor por tradición familiar. Innovador, creativo y persona leal. 

Pero siempre había momentos para disfrutar mutuamente de la compañía del amigo. Transmitido a sus hijos, a los consortes de estos y a sus nietos, como no podía ser de otra manera. Y siguieron pasando años, que solo sirvieron para acrecentar aún mas esa amistad, hasta que el inexorable paso del tiempo reclamó para la Otra Vida a José en primer lugar, a sus 76 años, pero en el lecho de muerte pedía que estuviera a  su lado su amigo del alma: Millán

En la fotografía de 1972, el fotógrafo no tuvo que hacer grandes esfuerzos para detectar la sana alegría que reinaba entre estas cuatro personas. Ese mismo semblante es el que hemos visto siempre los que hemos tenido la suerte de conocerlos y vivir con ellos.

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Dos amigos de toda la vida. Y sus esposas también.

Sabino de Diego.

 
 
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